Vivir en Provincias
Escrito el Martes, 26 de Diciembre de 2018
Me encanta vivir en provincias. Mucho más que vivir en la capital. Hay gente que todavía me pregunta si echo de menos Madrid, y la respuesta es NO, pero es que es así desde el mismo día que hice la mudanza.
Este año he viajado muchísimo. Entre el ocio y el negocio tengo más pegatinas que el baúl de la Piquer, que se decía antiguamente. Ahora con esa mierrrrrrdaaa, digooooo, con eso de #MadridCentral se te quitan las ganas.
En lugar de quedar en el centro ahora vamos a quedar en el extrarradio. El puto mundo al revés. Con el tiempo habrá que hacer #LasRozasCentral, #VallekasCentral, y así todo. La verdad es que #MóstolesCentral ya existe, jajajajajaja, pero es una estación de Metro, no liarse. Cada vez que voy a Madrid me pregunto, ¿cómo coño he podido vivir así 20 años?, ¡qué puta locura!. Normalizamos cosas que no son normales, pero para nada.
Y eso que yo cuando voy ahora, me muevo en horarios que no suele haber atascos, pero a veces se me olvida donde estoy, me despisto, y cometo la locura de meterme en la M40 a las 19:00 un día de diario; eso NO es una buena idea, ya os lo digo yo. Es más barato y más cómodo ir a Madrid un fin de semana al teatro, al fútbol, a ver lo que sea, que vivir allí. De lejos.
En provincias, como yo digo, el ritmo es otro, nada que ver. No hay atascos, y cuando digo esto, quiero decir que nunca hay atascos. La gente se pone nerviosa si tiene tres coches delante en una rotonda, me da la risa, no son conscientes de lo afortunados que somos, ellos y yo. Llegas y aparcas casi que en la puerta. Al principio de estar aquí me sobraban 20 minutos mínimo a cada sitio que iba en coche, claro, porque salía con el timing de Madrid. Un descojone vamos.
No sé si en esta vida me va a dar tiempo para aprender a conjugar el verbo ABURRIR en primera persona del singular. Me veo justica de tiempo, os advierto. Hay más cosas en el pueblo de las que a mí me da tiempo a ir, la vírgen. A las excursiones de montaña, por ejemplo.
A éstas aún no les ha tocado porque claro, te tienes que apuntar con antelación y madrugar muchísimo, en mi caso más aún por la comida. Paso. Que están bien, fijo que sí, peeeeerooooo, y si me sale plan con un chico guapo el día anterior, o ese mismo día, ¿qué….?, esto es cuestión de prioridades queridos, la montaña puede esperar, que de ahí no marcha, en cambio el chico, ja, ya puedes espabilar, ya.
O igual amanece un día cojonudo para salir en moto, y yo en la montaña, que sí, pero que ahora no. Que lo de la montaña lo tengo trabajado, pero lo de la moto no tanto. Lo dicho, es cuestión de prioridades. Sinceramente, es que solo le veo ventajas a vivir en un pueblo. La verdad es que el mío es cojonudo, todo hay que decirlo.
Otro ejemplín, pongo un pié en la calle y me sobran los bares para ver las motos, vamossss, igualito que en Madrid, las excursiones que me tenía que hacer, si llegabas cansada al bar, vamos hombre, no me jodas; así no prestaba ni la mitad.
Otro ejemplo muy gráfico. Este lunes pasado que era Nochebuena, yo aún no había comprado mi cena. Sí, apurando la frenada que no veas. El día que apure tanto con la moto, me habré ganado los galones. Total, día de Nochebuena a las 12:00 de la mañana, sale la menda lerenda de casa a comprarse la cena. Abrían todo hasta las 14:00. Con dos cojones y un palo.
Oye, pues encontré todo lo que buscaba en el mismo sitio, no tuve que cambiar el menú. Además, apenas había gente, que yo pensaba, para tí tienes. Que va, no había casi nadie, del tirón. Es más, atención, me dió tiempo a comprar dos de los regalos de Reyes que me faltaban, no uno no, dos. Y todo eso, CAMINANDO. ¿Cómo lo veis?, superior que se dice por aquí.
Ahhh, que sepáis, que me auto-regalé la cena de Nochebuena, es decir, cociné por primera vez en algo más de seis años. ¡Ole yo!, ya sabéis que no soporto la dieta que necesito hacer, bueno ni yo, ni nadie. Me aborrece sobremanera entrar en una cocina, si pudiese tomar una pastilla por la mañana y no tener que comer absolutamente nada más en todo el puto día, sería feliz.
Como por obligación; como lo que como por obligación y porque, es lo que me permite hacer todo lo que hago, pero, si por un momento, sintiese que lo puedo mandar todo a tomar por el culo, lo haría. Sin ninguna duda. Hacerlo, lo voy a hacer, lo sé, aún no es el momento pero llegará el día, y lo mejor es que os lo voy a contar.
Mi relación con la comida es tensa. Procuro no pensarlo y simplemente, como, espíritu de supervivencia pura y dura. Esmerarme en hacer una cena rica para mí, sinceramente, ya no lo recordaba. Ni para mí, ni para nadie. Cómo será la cosa que volvía mi family y me dicen, “tú no te preocupes que si llegamos a comer ya vamos a comprar para nosotros”, “no, si preocupada no estoy en absoluto, vosotros mismos, de lo que hay en casa, no falta de nada”.
Qué parte no has entendido de…… me cuesta trabajo ir a comprar comida para mí, voy a ir a comprar para los demás que pueden comer de todo, incluso un menú a la vuelta de la esquina que hay un restaurante. Sé que necesito trabajar emocionalmente en ese sentido. Esto ha sido un gran avance.
Os digo el menú para poner los dientes largos a los compis que también tengan restricciones culinarias, que sepáis que todo llega, no te lo regalan, pero llega. A saber, caldo, ensalada de escarola con berberechos y jengibre, pavo al horno acompañado de manzana asada y puré de castañas, y de postre un bombón.
No hay nada más rico para mí en el mundo mundial que una manzana reineta asada, sola sin nada más, mira que me van fatal, pero un día es un día. Incluso Dios descansó el Domingo, pues nosotros también, ea…
Os pongo una foto para que veáis la pintaza que tenia, y lo rico que estaba. Ahhh, las pirulas varias que se ven en la foto son las de siempre, esas no eran especiales de Navidad, ni nada, jejejeje. Pirulas=pastillas, por si hiciera o hiciese falta la aclaración.

Ahhh, otra cosita, cené con agua como veis en la foto, no me gusta el vino con la comida. Ir de vinos sí, pero comer con vino no. Manías supongo, no sé, le cambia el sabor a la comida, o eso me parece a mí. Pero no sufráis, que los vinos me los traje puestos antes de cenar. Maadremíiiia, claro, a ver, que lo que yo como no empapa, y como estoy tan limpita por dentro, soy de un agradecido que no veas. Vamos, que el tercer vino ya me estaba sobrando.
Cómo sería la cosa, que fuimos a un bar que han abierto nuevo a fisgarlo o cucearlo que decimos por aquí, y hoy me preguntaban si me había gustado, joder pues no lo sé, porque dentro estuve, pero fijarme, fijarme, casi que no.
Nada más entrar me encontré a un amiguete de las motos, entre que yo ya iba fina, y que empezamos a hablar de nuestras cosas, ni puta idea de cómo está decorado el bar. Me dijeron que las banquetas eran de plástico del Ikea, qué fuerte, ¿tú viste las banquetas?, pues yo tampoco. No sé qué de unas tablas que hacen de decoración, ¿tú viste esas tablas?, pues yo tampoco.
A ver, que yo soy una profesional, hay que estar a lo que hay que estar y punto. Resumiendo, que habrá que volver por ver el bar, jejejejeje….
Los vinos de Nochebuena y Nochevieja son un clásico aquí. Mira, a los del 31 aún llegáis, bueno, es que este post lo iba a haber publicado antes, pero esto de vivir en presente es un no parar. Por si acaso una aclaración, a ver si me va a pasar como en la boda de Lolita, jajajajajaja. Invitados no estáis, ¿ehhh?. Aquí se va a rondas o a escote.
Me pasó otra cosa muy divertida ese día. La verdad es que, a lo tonto, a lo tonto, ha sido una gran Nochebuena. En ese bar me encontré con un chaval que conozco y nos estuvimos saludando. Sin más. El caso es que salí luego por la noche por cumplir un objetivo, ahora os cuento.
Y cuando estoy en un bar allá a las 02:00 am, me tocan en el hombro, me giro, y era el mismo chaval que me dice, “pero túuuu qué, ¿no tienes casa?”, jajajajaja, mi respuesta fue, “¿y tú?”, me encantó, alguien tiene que hacerlo, ¿verdad?. Ahora que se puedeee.
El caso es que veréis. Esto viene porque hace años cuando trabajaba en Madrid en Ingeniería, empezó a venir mucha gente de Venezuela huyendo del caos y del desastre que tienen allí. Pobre gente. Os hablo del año 2010 mas menos. Tenía muchos compañeros venezolanos, muy buena gente.
Un día nos metíamos con ellos, en el fondo era envidia, porque en un año, o año y medio habían estado en los típicos/tópicos acontecimientos famosísimos que tenemos en España, a saber: habían ido a las Fallas, a los Sanfermines, a la Semana Santa Sevillana, habían comido las uvas en la Puerta del Sol el día 31 de Diciembre, habían estado en el Camp Nou, en el Bernabeu, en el Vicente Calderón, y no sé cuantas cosas más…
Alucinante, así que les decíamos con cariño y ellos delante “jodidos venezolanos, no se pierden una”.
Yo personalmente, ni Fallas, ni Sanfermines, ni Semana Santa Sevillana, ni uvas en Sol, que tiene delito la cosa, lo sé. Y entonces entendí, cuando yo pueda, porque ya estaba jodidina en aquella época, voy a hacer esas cosas. Al menos haber estado una vez en la vida, luego ya si eso, con no volver, listo. Aún no he ido a esos sitios, pero porque he ido a otros. Ajajá. Se acerca el momento.
Me dí cuenta de que también hay otros objetivos más tangibles. Me voy a ir a Navarra por decir uno, a tomar por culo de León, y no he salido de fiesta un día de Nochebuena en un pueblo de a 10 kms de aquí que es super tradición y se monta una timba de padre y muy señor mío ese día. Vamos a llamarle “el pueblo de la Mavi”. Total que dije, para allá que me voy. Y fuí. Ahí fue donde me encontró el muchacho.
Objetivo cumplido, tachado de la lista. Que una cosa os digo, que bien hubiera estado yo durmiendo. Reiros, reiros. Si es que se me meten unas cosas en la cabeza, que yo no sé, pero una vez que me vienen es importante para mí hacerlas. Sí, estoy de acuerdo, esto TAMBIÉN me lo voy mirar.
No os doy detalles porque ¿para qué?, bueno sí, alguien tiene que contarlo, por si hay algún paisano o paisana leyéndome, que no vaya, repito, que no vaya.
El “ganao” que había allí, porque aquello era “ganao”, ellos y ellas, que mieeeeeeerrrrrrrrrrda de música, que mieeeeeeerrrrrrrrrda de copa me pusieron. Añado que la mitad del bar podían ser mis hijos por edad, y la otra mitad, podían ser mis padres. Tampoco fui con la gente adecuada, mira, mira, mira, un pleno al 15.
Que cansado es cumplir objetivos, tú no sabes, si es que, te crees que tienes 40, y ya no.
En fin, os iba a felicitar las fiestas con una frase, pero va a ser con otra, salís ganando, os advierto. Es tal cual lo que yo estoy haciendo ahora, bueno, ya hace un tiempo, y me va tan bien, que no puedo dejar de compartirlo.

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