La Chica de los Abrazos

Escrito el Domingo, 30 de Septiembre de 2018

Me crucé por la callle hace poco con alguien que se refirió a mí así, “la chica de los abrazos”. Me hizo tanta gracia, que no pude menos que sonreir y darle las gracias mientras seguía mi camino. Me encantó en grado superlativo.

Ya hace unos cuantos años que los abrazos son importantes para mí. Me gusta sentir bien cerquita a la otra persona. Y también me gusta mantener el abrazo en el tiempo. Hay gente que según abraza ya se está soltando. O gente que abraza super suave, de esto que casi no te toca. Vamos a ver, que he visto yo agarrar cubatas con más fuerza, durante mucho más tiempo. Eso ni son abrazos, ni son nada. Yo hablo de abrazos top, sentidos.

En las charlas que he dado para dar a conocer la enfermedad de Lyme, y en las presentaciones de «Tacones», regalo los famosos lacitos verdes y abrazos. Ya lo sabéis. Es una forma de compartir un subidón de energía y buenas vibraciones. Más que nada, porque con esos chutes de adrenalina, o comparto, o es imposible que duerma, algo necesito hacer para bajar de pulsaciones. Sí, lo sé, también a mí se me ocurre otra cosa que hacer para obtener el mismo resultado, totalmente de acuerdo, pero a falta de esa…

También sabéis que ando de feriante por aquí, y por allá. Acabo de hacer dos ferias seguidas y cuando estaba preparando la primera, se me ocurrió regalar cajitas vacías a cambio de abrazos. Son de unos suplementos que yo tomo, y algunas que me dan los clientes. Tenía un cerro de ellas, las guardo para las demos y así, pero había juntado muchas. Dije, pues no sé cómo me irá la feria, pero que yo coloco las cajitas, como que hay Dios.

Podía haberlas regalado sin más, pero he aprendido que es bueno que haya un intercambio, hacer trueque por abrazos fue lo más divertido que se me ocurrió. Daros cuenta de que el feriante pasa muchas horas muertas en el chiringuito, horas en las que hay poca gente, o nadie, ¡algo tienes que buscar para entretenerte!. Y como a veces cuesta que la gente se pare, pues puse un cartel publicitando el tema.

ÉXITO TOTAL

La feria más menos bien, las cajitas, volví sin ninguna. Objetivo cumplido. Tan bien se me dió, que el domingo apenas me quedaban, nos las pulimos prácticamente todas el sábado. Conseguí sorprender a la gente. Mini punto para mí.

Los niños, esos locos bajitos, son geniales, lo que me he podido reir con ellos. Y lo que les gustan los abrazos. Algunos son super tímidos, otros se te echan encima que no veas, otros te piden que les guardes cajitas de colores diferentes para el año que viene, sí, sí, lo que leéis, o te dicen a ver si les dejas escribir en el cartel con tizas, bueno, bueno, bueno…

Recuerdo especialmente a dos hermanitos chiquitines, el mayor tendría tres añitos o menos, y el pequeño caminaba trastabillándose todo, que yo no sé ni cómo se tenía en pié, la verdad, tendría año y poco. El mayor me dió el abrazo, y el pequeño se quedó mirando la jugada un poco sin saber qué hacer, hasta que le dijo la madre, “dale un abrazo a esta chica que te da un regalo”, yo pensé que no iba a entender nada el angelito, era tan chiquitín.

Pues nada, que de eso, la que no entiende soy yo. Atención al dato, sonrió, se vino hacia a mí, bueno, más bien contra mí, yo creo que escuchó la palabra regalo y le pudo la emoción, se me echó encima con los brazos abiertos y me plantó un beso en los morros con una sonrisa que no le cabía en la cara, ¡maaaaadre míaaaaaaa, la dulzura, la ternura, y la inocencia de un bebé, INDESCRIPTIBLE!. El mejor abrazo del mundo mundial. Doy fé.

Tannnnnn biennnnnn se dió la primera feria, que me quedé sin cajitas para la segunda. Crear tendencia es lo que tiene, que te quedas sin stock. Y ahora, ¿qué hago?, listo, regalo lacitos verdes a cambio de abrazos. Y así de paso hablo de mi libro que es el Lyme, y lo doy a conocer. Un 2×1 de toda la vida.

Pues no veas que éxito, más que con las cajitas. Sorprendente. Sobre todo cuando les cuento el origen y el por qué de los lacitos. A la gente le cambia la cara, y eso que lo cuento con una sonrisa marca de la casa.

Hubo gente, adultos, e incluso chicas, no penséis mal, que volvieron a por abrazos de segundas, de verdad que no me lo estoy inventando. Increíble pero cierto. Unas niñas ya mayorcitas, de 12 o así, me trajeron a toda la pandilla, tres veces que volvieron, ya les dije, o me traéis chicos guapos o no volváis. No volvieron. Los debían querer todos para ellas solas, chicas listas, jejejejeje.

Coloqué muchísimos más lacitos verdes que cajitas. Estoy super orgullosa de ello.

Sofía, mi “ayudante”, un bellezón de 7 años, me decía, “esto gratis no, deberíamos pedir al menos 5 céntimos por cajita”, alucino con el espíritu comercial del personal. Y le dije, «no hombre, si decimos regalar, es regalar, y en todo caso tendrían que ser 10 céntimos, porque monedas de 5 no lleva nadie, ¿no te parece?», se me queda mirando y me dice, «uhm, sí, tienes razón, ¡qué lista eres!».

Que alguien me sujete que me la como a besos, pooooooorrrr favorrrr. Hubo un rato en el cual NO se nos paraba nadie y me dice, “no se paran, van muy rápido, ¿y si se lo decimos a la gente mayor?, que esos no pueden correr…”, decir que me quedé a cuadros es decir poco, que «jartá» de reir. Lista ella.

Uno de los primeros abrazos que dí, fue a un paisanete mayor que se para delante del cartel a las 11 de la mañana, con la fresca, y me dice “¿a quien hay que dar el abrazo”, mientras lo decía me estaba haciendo un scanner radiografiado que ni que fuera sábado noche, le digo “a mí”, “¿a tí?”, dicho esto mientras radiografiaba el chiringo, esta vez en busca de maromo supongo, le digo, “sí, a mí”, se debió convencer de que estaba sola y me dice, “venga ese abrazo”.

Mientras nos estamos abrazando, de repente, empiezo a oir voces cerquita, “pero bueno, me doy la vuelta y ya estás enganchado con una”… Joder, esa una era yo, y la de las voces, su mujer… hostia, hostia, nos soltamos, y dice el señor, “es la chica, que da abrazos”, ¡hala, jódete!.

A ver, que razón tenía el hombre, pero coño, no me sea usted esquirol. No pasó de ahí la cosa. Marcharon rezongando/rezungando de buen rollo. Yo lo último que oí es que ella le decía, “tiraaaaa, tiraaaaaaa, que ya hablaremos tú y yo en casa”, y el paisanín riéndose todavía me dice así por lo bajini, “adiós guapa”. Me encanta la vieja escuela, tienen un no sé qué, y un qué sé yo, que enamora.

Otro, un grupo familiar de seis o así, que dí abrazos a todos, pero le hice especial gracia al patriarca vamos a decir. No sé qué me ven los tíos de cincuenta y pocos, que no es ni medio normal, ya me pasaba con 30, en fin, eso es para otro post. Total, que pasaron varias veces por delante del stand y saludaron todas ellas.

Coincidió, o no, que cuando recogí ese día por la noche y ya iba para el coche, pasé delante de un bar y ellos estaban cenando en la terraza, me recibieron a voces, “mira, la chica de los abrazos”, saludé, charlamos dos minutos, me invitaron a cenar, bueno, me invitó a cenar mejor dicho, decliné amablemente y listo. Sin más. O eso pensaba yo.

Al día siguiente voy a pedir un té verde después de comer, ahí a lo loco, para aguantar la tarde, y fui a ese mismo bar, era el bar abierto que quedaba más cerca. Sin más. Entro, pido, paso al baño, salgo, y al ir a pagar me dicen, “estás invitada”, “¿que estoy invitada?”, “sí, te invita el chico de los abrazos, que está sentado en la terraza”, cuajadita me quedé. Salgo fuera, empiezo a mirar por las mesas de la terraza a ver si me suena alguien, nada, giro, y zas, en el mismo sitio de anoche, estaba esta gente comiendo.

Ni les había visto. Ya era el tercer día de feria, el sueño, el hambre, y el cansancio acumulado merman mucho mis facultades, os lo aseguro. Sonrío, me acerco a saludar y a dar las gracias. Mira, me prestó muchísimo por lo inesperado.

El caso es que volví sonriendo y riéndome. Y luego me tiré un rato descojonándome. Muy, muy, muy divertido. Que os puedo decir, no era el objetivo, ni muchísimo menos, peeerooo los efectos colaterales en positivo son de agradecer.

Claro, cuando yo decidí hacer esto, ya sabía que corría un riesgo energéticamente hablando. Como se me pega todo, cuanto menos contacto físico tenga con el personal, mejor. Dije yo, verás cuando vaya la próxima semana a la máquina, el poyo que me va a montar el terapeuta.

Como decimos por aquí, “pa mí tengo”. Confieso que no dí detalles, solo dije que había abrazado mucho, y acto seguido me montó el poyo, lógicamente: cómo se te ocurre, que la gente está muy tóxica, para que te limpio yo…

La sorpresa fue que no me salía el aura excesivamente contaminada, que va, para nada; pajarracos negros de esos de otras veces no tenía, era más como una neblina todo alrededor del cuerpo, tamaño abrazo, eso sí, y en negro, ya…, pero muy, muy difuminada. Vamos, que para lo que me podía haber traído puesto, estaba limpina como una patena. Genial. Me limpió y a funcionar.

Mi teoría, no demostrable pero que funciona, como todas las mías, es que los abrazos de los niños han contrarrestado en gran medida los abrazos de los posibles adultos contaminados.

En cualquier caso, un experimento muy interesante. Os dejo algunas fotos testimoniales por aquí, que luego el personal cree está todo en mi cabeza y sí, pero no.

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