Gemmita
Escrito el Viernes, 14 de Junio de 2019
Gemmita es el amor puro e incondicional en su máxima expresión. ¡Cómo puedes encariñarte tanto y tan rápido con un ser!, si hace poco más de tres meses ni siquiera sabías que existía. Me ha cambiado la vida. Ya me habéis leído más de una y de dos veces que ahí arriba se ponen a hilar fino, y aquí abajo flipamos en colores. Pues tal cual. Que gran verdad es esa de que las cosas llegan cuando es el momento, ni antes ni después. Sin yo saberlo, porque no lo sabía, era el momento.
Todo comenzó a primeros de Marzo con un retiro muy especial que hice. Decir que estaba hasta los huevos de todo y de todos, es decir poco. Cuando digo de todo, es de todo, yo misma incluida. Ya sabemos que la primavera es durilla para todo el mundo en general, yo las he pasado muy, muy, muy jodidas en los años duros del Lyme, pero es que las de ahora no son mucho mejores. Son distintas, pero durísimas también.
Y cada vez empiezan antes. Hasta tal punto que este año fue pasar Reyes, y a la semana, esto es mediados de Enero, ya estaba yo en primavera, cómo sería la cosa que no espabilé la caraja hasta Abril casi Mayo. Un bajón físico del copón de la baraja, y del emocional, ni hablamos, joder, joder, joder. No es ni medio normal.
Algo ocurre ahí. Algo con lo que todavía no he dado, pero que siento que lo estoy acariciando con los dedos de la mano. A raíz del año pasado, mejor dicho, a raíz de la primavera de mierrrrrrrrrda del año pasado, llegué a la conclusión de que en algún momento al inicio de mi vida, yo nací en Diciembre, debí vivir algo intenso, o yo lo sentí así, en esa época, y es tarea por hacer el sanarlo.
Total, que iba yo a ese retiro, que mira que he hecho y probado cosas/terapias buscando respuestas, pues eso es lo más intenso y más duro que yo he experimentado en mi puta vida. A no ser que estés desesperado y/o harto de todo, y sientas que es lo único que te puede ayudar a resolver, mejor abstenerse. Luego os doy una pista de que va la vaina.
Era un viernes, como no, mi día favorito de la semana. Nací un viernes también, ahí lo dejo. Por aquello de las «causalidades». De repente, veo, en un estado de Whatsapp, un video con el texto “regalo gatita”, le doy al play, mira, por favor, una bolita peludina, con unos ojines y una carina, toda despelujada (tenemos el mismo peluquero, jejeejjeje), un peluchín jugando, que cosa más bonita.
Y me vino la información, la gatina es para mí. Aunque de mano dije no. Aún así no me aguanté y le escribí al dueño, no la regales tio, que es preciosa, y ya hablamos, que va, que va, yo no puedo, quédatela tú, es que yo, bla, bla, bla, a ver cuando vuelva, formulaba excusitas en voz alta pero ya había entendido que ese bellezón y yo teníamos un vínculo. Y me la quedé.
Lo siguiente que me vino ipso facto durante esta conversación fue: se va a llamar Gemmita, y le voy A DAR todo el amor que yo siento que NO recibí cuando era pequeña. Ojo, no es que no me lo dieran, simplemente yo no lo sentí.
Mira que me habían ofrecido en ocasiones anteriores gatines de otras camadas, incluso hermanos de esta, y ni se me había pasado por la cabeza tener un animalito en casa, ni por asomo, de verdad que no. Fue un impulso, seguí mi intuición. Sin pensar. En un milisegundo entendí.
Cuando las cosas vienen así, de repente, y seguimos nuestra intuición, siempre acertamos. Todos aquellos que conocéis el concepto del “niño interior” no estaréis muy sorprendidos supongo, el resto, miradlo. Os hará bien. Esto ya os lo he recetado alguna vez, y lo sabéis.
A la vuelta del retiro, con todo lo que ya me traía puesto, que no era poco, recogí a la gatina, y llegamos las dos juntas a casa. Fue algo muy, muy, muy simbólico. Fui al retiro de una manera, pero volví de otra completamente distinta, y me traía a mi niña conmigo. Acojonante. No te digo que lo superes, no, con que me lo iguales…
De hecho, la frase al recogerla fue “ya que necesito aprender a dar amor, voy a empezar contigo”. Ese fue uno de los deberes que me traje del famoso retiro, aprender a dar amor incondicional.
Gemmita es buena hasta decir basta. Tiene muy buen conformar. Casi ni maulla el angelito. Eso sí, solo quiere jugar, jugar, y jugar. Me tiene valdada. No se cansa de correr, ni de que le hagan caso. Yo creo que esto igual me pilla un poco mayor.
Como agravante decir que yo soy lo único que se mueve en casa, la pobre está deseandito que llegue. Igual si hubiera más personas viviendo con nosotras nuestra relación no sería tan especial. Aunque, si soy sincera, me encanta que sea así. La he esperado tanto tiempo, que la quiero solo para mí. Al menos por ahora.
Es super cariñosa. Me va a recibir a la puerta cuando llego a casa, y al acariciarla pide brazos. Aquí ya a mí me hace todo agua. Es muy divertida. Le hablo mucho, ella entiende todo, hacer, lo que se dice hacer, hace lo que le sale de los cojones, eso es verdad, pero entender, lo entiende todo.
Se parece mucho a mí, ahora os cuento. Como me dijo una amiga, “sí, claroooo, es igualita que mami antes de hacerse el láser”, la madre que la parió, ten amigas para esto. Es altísima, guapísima, y muy cariñosa. Tiene unas patorras estupendas de la muerte. En serio, para ser un gato, es muy alta,y muy larga, pues eso, igualita que yo.
Nos hemos acoplado muy bien. Lo que me transmite desde el principio es que este cachorrín es un pozo sin fondo de recibir mimos, amor, atenciones, de jugar, vamos, de que le hagan caso, en una palabra. Y ya cuando se te acocha encima buscando bracitos o piernas, mira, que se pare el mundo que me bajoooooo.
Dormimos ella en el piso de abajo, y yo en el piso de arriba. Dormíamos, porque después de los primeros meses empezó a subir conmigo y a mirarme con esa carita de «¿no me vas a dejar entrar en la habitación?», y es que soy más blanda que un anuncio de Colacao, un piso a tu nombre te pongo si hace falta, tira para dentro cachorrín.
Y así dormimos juntas alguna vez. Me hace más falta a mí que a ella, lo confieso. No nos va bien, a ver, por los mimines, el contacto, y eso, sí, pero yo me levanto doblada porque las posturas así toda torcida, como que no. Y luego que madruga más que yo. Lo sé, ¡qué fuerte!.
A ver, es lo mismo que pasa cuando duermes con alguien, que como mejor se duerme es solo, coño, punto pelota. Otra cosa es que los mimos, achuchones, abrazos, eso de que te busquen, o de que tú busques, el calorcín, o el polvo mañanero, compensen, cierto, pero levantarte, lo que se dice levantarte, te levantas descojonado, y lo sabes….
Ya os habréis dado cuenta de que a lo largo del post voy estableciendo un cierto paralelismo entre la relación con la gatina, versus relaciones humanas. Creo que se entiende, pero por si acaso, no estoy hablando en ningún momento de que los animales sustituyan a las personas. Para nada. Si, lo mismo, salen ganado ellos y todo.
Hablo de que un animalito, te puede hacer entender ciertas carencias, creencias, comportamientos, etc., que arrastras, y que el interactuar con ellos puede ayudar a sacar/sanar historias que tenemos encerradas debajo de capas y capas de protección. Con ellos nos desinhibimos.
A mí me han mandado un espejito, qué listos allí arriba. Me dí cuenta enseguida, y además, me lo han mandado a través de un «maestro», que tampoco es casualidad; si es que, ya no va más a la banca.
Lo que veo en el espejo no es nada nuevo, todo esto hace ya unos añitos que lo entendí, pero ha llegado el momento de sanarlo, de verbalizarlo, y el gatín lo está precipitando todo en ese sentido, porque es tan obvio, que no puedo dejar de alucinar por un lado, ni de reconocerlo por otro.
El gatín es igual que yo era de bebé/niña, seguramente igual o muy similar a todos los gatos, y niños del mundo, correcto, pero esos ahora no me ocupan. Estoy hablando de MI libro, y de MIS percepciones.
Un ser demandante de amor y cariño por todos los poros de la piel, que está deseando que la besen, la abracen, y la cuiden, que quiere sonreír, jugar. En una palabra, mostrar y recibir amor. 46 años y medio después, sigo siendo así. Las mismas demandas aun sin atender. Escribir esto duele, DUELE con mayúsculas.
A la semana o así de estar la gatina conmigo, ya decía yo, “madreeee, que falta me hace un gato humano, para achuchar y que me achuche”, tal cual. La tengo abrazada, y abrasada, la pobre a veces cuando la tengo en brazos y me la como a besos, me mira entre sorprendida y asustadica, como diciendo, “esta loca del coño, está fatal de lo suyo”, jajajajajaja. Y razón tiene, estoy fatal de lo mío.
Y ahora viene el quid de la cuestión, que algunos ya habréis intuído. A los dos meses, resulta que la gata, no es gata, es un gatazo. Joder, lo que oís, un shock. ¿Mi Gemmita gato?, ¿pero, gato macho?, no puede ser, mi niña interior, un animalito tan hipermega cariñoso, y listico, tenía que ser niña, además, ¿dónde se ha visto un gato macho de 4 colores?, que me la dieron como gataaaaaaa, ya, pues va a ser que no.
Queridos lectores, entre el Universo y su vecina la Ayahuasca me hicieron la 13-14 pero bien: mi Gemmita es macho.
Casi me da un paralís. No podía ser. Pero era. Vaya si era. Venga a llamarla misina, cachorrina, princesa, y así. Bueno, bueno, bueno, casi un mes me ha llevado hablarle en masculino, es que no me salía, en serio. Estaba yo muy metida en mi rol. Se me cayeron los palos del sombrajo, dicho en argot madrileño.
¿Y qué coño hago con el nombre?, no me jodas, el gatín atiende por Gemmita, claro, si llevaba dos meses llamándole así, no va a atender…
He intentado, que no conseguido, cambiarle el nombre; pero es que honestamente creo que va a ser que no, fue lo que me vino en su día y se va a quedar así. Ya sé que el karma puede ser terrible, pero este gatín tiene una misión sanadora conmigo, supongo que yo con él también, y la intuición me dice que todo pasa por ese nombre.
Después del sofocón inicial, pensé, joder, ¿y esto?, ¿para qué?, a ver, que ya sé que esto pasa muy a menudo. La gente me decía, una perrina nuestra se llamaba Tobi por lo mismo, y otra conoce a no sé quien, con un gato que se llamaba Lola.
Vale que sí, pero yo con mis cosas, que ya sabéis que funcionan, creo haber entendido el para qué. Sí. Sigue teniendo que ver con sanar mis relaciones afectivas con la parte masculina.
Es una creencia que arrastro de mi infancia. Somos tres hermanas, y recuerdo desde que tengo uso de razón oir a mi madre decir, “me gustan las niñas, la gente bien tiene tres niñas o más, no me gustan los niños (poniendo cara de asco), son muy brutos, y poco cariñosos, donde esté una niña, dónde va a parar, cómo me traigáis un nieto veréis, etc., etc., etc.”.
¿Qué fue lo que le quedó a mi inconsciente? => los chicos no son cariñosos, quita bicho.
Probablemente, mi madre se lo escuchaba a mi abuela, o bisabuela, ellas son dos hermanas, chicas también, o vete a saber de dónde le vendrá a ella, bastante tiene con lo suyo. Cualquiera que tenga un hijo varón sabe que eso no es así, más bien al contrario. Los niños también suelen ser cariñosos.
Hablamos y decimos cosas sin darnos cuenta de que esos locos bajitos perciben de una forma muy diferente. Lo veo constantemente en mi entorno y se me abren las carnes, peeeerooo, con lo mío tengo bastante. Me siento muy afortunada al no ser madre en esta vida, me parece complejísimo. Con cuidar de mí, ya tengo bastante.
Seguramente todo esto ha influído en que yo me haya buscado parejas poco cariñosas, distantes diría yo, nada sensibles; a otras no les he permitido acercarse lo suficiente, o dejar que me dieran cariño, si hombre, vulnerable me voy a mostrar yo, ja, ni en la más estricta intimidad.
Otras no me lo han dado cuando yo lo he necesitado, ni siquiera cuando lo he pedido, lo he consentido y además me he conformado con miserias, con las migajas de las migajas. Cada uno se maltrata como le da la gana, conciente o inconscientemente. Escribir esto, vuelve a DOLER.
Total, que me he pasado los últimos meses llorando por las esquinas de casa, un rato sí, y otro también. ¡Ay ama (como dicen en el País vasco), que rato más malo!. Sanador, sí, tremendamente sanador, pero pásalo.
Reconocer todo esto que a priori parece tan simple y sencillo, ha sido durísimo. Y mostrarme vulnerable, más, ¿pero sabéis qué?, me siento muchísimo mejor, más tranquila, liberada, en paz.
Desde la perspectiva de un adulto que no sea un alma despierta todo este post puede parecer la rayada de una histérica, vale, lo asumo, peeeero, punto 1, enfócalo desde la forma de sentir de un niño, y punto 2, piensa en sanar algo que tienes metido en la puta cabeza sin tú saberlo conscientemente durante toda una vida, cuidadín.
Y ya que estás, asumes la mierda de relaciones tóxicas que te has ido buscando en el camino. Eso para descansar, hala. Toma aprendizaje.
Una cosa es saberlo, que ya lo sabíamos, y otra muy distinta sanarlo. Todo a su debido momento. Feliz de estar en el momento. A quien pueda interesar…
WANTED/SE BUSCA:
GATO HUMANO, MOTERO Y DE BUEN VER, PARA ACHUCHAR Y BESAR HASTA LA SACIEDAD. IMPORTANTE, QUE QUIERA QUERER.
Os dejo unas fotos y una frase. Este bellezón es mi Gemmita. Como vais a comprobar está a la altura de las circunstancias.




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