Operación mecedora realizada
Escrito el Martes, 27 de Junio de 2017
Soy super fan de la Noche de San Juan. Lo confieso. Ya os he comentado alguna vez que, para mí, es la noche más mágica del año junto con la de Reyes. No sé que tiene el fuego que me llama, me envuelve, me abraza, me quedo hipnotizada. Y le he cogido yo el gusto a eso de quemar. Ya de chavalina me gustaba, pero desde hace unos años me gusta muuuuuucho más, la verdad.
En mi proceso de sanación he escrito mucha cosa que luego he ido quemando según me lo pedía el cuerpo, a medida que iba sanando. Son sensaciones, como todo en la vida, pero quemar me da buen rollo y me deja una sensación de paz interior que mola. Solo por eso ya merece la pena, sin más.
Parte de lo que voy a escribir ahora lo he vivido hace unos meses, allá por Febrero, Marzo, Abril. Pero está todo relacionado. Y como acaba de ser San Juan, pues cuando mejor que ahora para escribirlo…Este post se podía haber titulado también “Operación San Juan realizada”, de hecho, aún no lo descarto. Os cuento.
Al volver a la casa familiar, donde yo me crié de niña, se han revuelto cosas. Entre ellas, empecé a mirar con muy mala cara a una mecedora antigua, parte de la herencia familiar (ya os imagináis lo que puede venir ahí enganchado, miedito me daba). Cada vez que yo pasaba al lado, es que me cambiaba la cara. Me daba un mal rolloooooo….. me recordaba al chiste aquel que te ponías un tricornio de la Guardia Civil, y te entraba una mala hostiaaaaaaa que pa qué, pues eso mismito.
Yo recuerdo el día que la trajimos a casa, mi madre, mi hermana la mediana, y yo. Nosotras éramos niñas. Y el recuerdo no era bueno. Por lo que iba hablando mi madre mientras la traíamos a casa. No recuerdo exactamente las palabras, pero algo hubo ahí que a mí me tiraba para atrás. Y ha estado latente todos estos años. Ya sabéis, de las cosas que te acuerdas no son ni buenas, ni malas, simplemente son importantes para tí. Por el motivo “x”, pero son importantes para tí.
El caso es que esa sensación a negativo fué «increcendo» y a mí no se me quitaba de la cabeza que me tenía que deshacer de la dichosa mecedora. Mira, tuve claro que había que quemarla sí, o sí, no era solo cuestión de que yo no la viera, o de regalarla. Menuda putada regalársela a alguien, quita, quita. Dije, para San Juan, con el pedazo de hoguera que se hace en el pueblo, a huevo. Maadre míiia, si faltaban 5 meses o más para esa fecha, ni de coña, no podía esperar tanto. Ya estaba yo nerviosita en modo cumplir objetivos, vamos, que ya estaba tardando. Y un día paseando con una vecina, me vino la info para completar el asunto. No era solo quemarla, no, la iba a destrozar primero en cachitos pequeñines. Cuando lo visualicé sonreí, me ví total y absolutamente haciéndolo, y entendí que eso era lo que tocaba. Eso era lo que yo necesitaba para liberar lo que fuera o fuese con la familia materna.
Y de paso, puestos a quemar, me vino la info en forma de feliz idea, de que por el mismo precio también iba a quemar TODOS los diarios que he escrito a lo largo de mi vida, exactamente durante 32 años, desde los 13. Joder lo que escribo, la virgen, sí, ya sé que lo sabéis por el blog, me consta, pero es que eran mogollón y mogollón de cuadernos. Un caja llena. De repente, todo cobró sentido para mí. ¿Para qué los quería?, paaaraa naaadaaaaa. Una vez escritos han cumplido su función. No se suelen volver a leer, al menos yo no, y en mi caso, no eran para que los leyese nadie más, desde luego que no.
¿Qué sentido tiene seguir «acarretándolos» en cada mudanza?, ninguno. Ya los he llevado a cuestas conmigo durante muuuchosss años. Entendí que era cargar la mochila innecesariamente. En este momento de mi vida necesito libertad, no quiero ataduras en la medida en que pueda evitarlas, ya he tenido bastantes estos años de atrás. Yo solita me las busqué, y yo solita me las estoy quitando.
Llevar conmigo una caja con el lastre de toda una vida, que además ya no es la vida que yo quiero tener… simbólicamente es too much, para mí, y para cualquiera. A la hoguera con todo. A tomar por culo la mecedora, y a tomar por culo los diarios.
Pues la decisión yo creo que la tomé en Enero-Febrero, pero hasta que tuve todo aquí conmigo, el material para hacer la hoguerita, y el tiempo necesario para hacerlo también, creo que me dió Marzo. Esto de hacer de boyscout por primera vez con más de 40...en mi línea… Otra cosa para descojonarme, anda que.., yo también, en fin. Estoy por subir un tutorial a youtube porque yo busqué y encontré uno de unos scouts mexicanos, «para habernos matao». Solo se puede mejorar.
Los restos de la mecedora los quemé en un cubo de metal mas bien tirando a pequeño, joder, con tanta escombrera pensé que las cenizas rebosaban. Justico, justico estuvo. Bueno, y cargándomela me lo pasé de puta madre. Eso fué lo mejor. Tuve que pedir prestada una maza. En el pueblo deben pensar que estoy como las maracas de Machín. Me encanta. Fué increíble, no se pueden describir las sensaciones. Una mezcla de alegría, dolor, de romper vínculos, emociones, unas hostias que le dí, y que me dí, ojo, porque una mecedora se mueve…
Joder, si podéis elegir, encapricharos de una silla o de un macetero, de algo estático, que es mucho más fácil sacudirle, jajajajajajaj. Tuve que recordar mis conocimientos de física y de mecánica, que donde estarían ya, en el fondo del mar mínimo, para arrearle en puntos estratégicos, porque si no, no había cojones a romperla, quedaba rollo tentempié. Y la madera era dura que no veas. En fin, mucho me reí entre hostia que iba, y hostia que venía. ¡Que agujetas en los brazos después y al día siguiente!.
La mecedora me la pulí en un viaje, pero los diarios, uffff, lo que cunden. Hice un primer asalto y cayó 1/4 de ellos más o menos, mas menos que más. Y dije yo, te mueres del asco niña hasta que acabes con todos. Necesitas un bidón, de esos de las obras de los que usa el personal para calentarse en invierno, o la mitad de uno de esos. Porque no es solo quemar, jaaa, que dos horitas largas ya las echas, es el olor a bodega que se te queda en la ropa y en el pelo, más luego tira las cenizas. Claaaro, no voy a dejarlas en casa, menudo negocio sería ese, hay que tirarlas.
Total que andaba yo mirando y ya no se ven bidones de esos así como así, ni siquiera en un pueblo como el mío. Y un día, zasca, me lo mandó el Universo. Tal cual. Que vais a pensar que igual fué un poco robar, pero no, me lo mandaron. Veréis. Voy a comprar con el coche, que no suelo ir yo motorizada, pero ese día sí, y al salir del parking para entrar en el super, me asomo a un solar vecino que ya había fisgado yo antes con esta misma intención pero no había habido bidón a la vista, y allí estaba: el bidoncito que yo necesitaba. Perfecto. Esperándome. Uno de estos de 25 kg de grasa creo que son. Justo lo que yo había visualizado. Como no…
En lugar de estar en el suelo y lejos, que hubiera tenido que saltar la tapia, era de día, te ve todo Dios, en fin, como que no, etc., me lo dejaron encima de un contenedor grandote de esos de obra, justo en el borde, y pegado a la tapia. Cuando lo ví, fué amor a primera vista, lo confieso. No puede ser pensé, sí, joder, que lo han puesto ahí para mí, que fuerte el personal ahí arriba, gracias, gracias, gracias. Me acerco, y solo tuve que alargar los brazos, ni estirarme ni nada, lo muevo y vacío. Estaba vacío. Y dije, definitivamente lo han puesto ahí para mí. Miré a los lados, al frente, no había nadie a la vista, así que a la cazuela con él, es decir, al maletero del coche.
No hubo color. Una maravilla. Acabé de quemar los diarios del tirón, en una sola vez. Eso sí, el bidoncito hasta arriba, HHA (High high alarm) que decimos en ingeniería. Inicialmente había pensado dejar un post-it, diciendo que luego lo devolvía, soy tan cumplida yo, pero pensé que si lo pusieron ahí era para algo, y que yo voy a seguir quemando cosas mas que probablemente a lo largo de mi vida. ¡Que necesidad de volver a buscar otro bidón!, quita, quita, ya tengo bidoncito de quemar, forever and ever.
Ni os imagináis la sensación después de… IM-PRESIONANTE. Como que te has quitado una carga muy pesada de encima de los hombros, vamos, que me la quité, lo saben los negros que me la quité, como dice una amiga mía. Fué BRUTAL, de las mejores sensaciones que yo he tenido hablando en términos de procesos de sanación y emociones varias. Otra más. Insisto, BRUTAL (jejejejejeje, vecina, alma despierta, eso va por tí, ya tu sabes…).
Os animo a que si hay algún objeto por ahí que os inspire mal rollo, aunque no entendáis muy bien el por qué, deshaceros de él como os pida el cuerpo. Cuidadín con guardar, que somos muy de guardar, y no es bueno, mejor hacer mudanza de vez en cuando, y limpieza, no acumular trastos innecesarios, ni bienes materiales o emocionales que no nos hacen ningún bien. Necesitamos hacer sitio para todo lo bueno que está por venir, no anclarnos al pasado. Ni a cosas inútiles, que sé yo, ropa de hace mil años que sabes que no te vas a volver a poner en la puta vida, pero ahí la tienes, “por si acaso”. Los armarios a reventar y tú sin «nada» que ponerte.
Un ejemplín, aquí en casa en el paragüero no cabe un alfiler. Fuimos 5 en casa, y los ultimos 15 años solo mis padres, y, sin exagerar, debe haber 10 paraguas, voy a contarlos, esperad. 10 no, pero 9 sí que hay. La mayoría medio rotos, y feos, feos de cojones, pero ahí siguen. Les tengo unas ganas, que el día que me ponga, salen todos echando leches de casa. Ninguno de ellos es mío. A la hoguera todo, o al reciclado de ropa, o al punto limpio.
Y las fotos, ¿que me decís de las fotos?, ufff, que peligro tienen. Que sean recientes por Dios. Que hay en algunas casas fotos de bebés que los 50 ya no los cumplen, por favor. Es bueno vivir las cosas y quedarte con las sensaciones, pero siempre poniendo el foco en el presente. Fotos antiguas guardadinas en los cajones bueeeenooo, pero mejor no tenerlas a la vista. Los objetos te anclan al pasado, inconscientemente sí, pero te anclan. Esa es mi sensación, muy personal y nada objetiva lo reconozco. Tengo tan claro que es así…
Os dejo unas fotos ilustrativas para que os echéis unas risas. Cubo vs. Bidón.
Por cierto, importante, algo de «1º de quemar», recogerse el pelo y/o ponerse una gorra. Sí, o sí. No lo hice, por chula, elegí días que apenas hacía viento, peroooo, cuando ya estaba en el último embite, esperando a que se apagara, se había levantado aire, vino hacia mi lado derecho (interesante ahora que lo pienso), y pensé que me quedaba sin cejas, sin pestañas, y sin pelo, Diossss, que susto, vamos que el pelo me lo churruscó un huevo, joder, joder, joder, dí que una vez lavado y con mascarilla volvió a su ser, pero si te fijas lo tengo más corto de ese lado.
La que hay que montar para quemar dos cositas de nada. Luego la peña piensa que es un milisegundo, pones una cerilla y listo, «sí, por los cojones» que decimos en León. Casi que hay que pedirse una excedencia para hacer la faena bien, bien, jajajajjaajaja. Y suerte tuve, que no apareció por allí la Guardia Civil, que está prohibido quemar aunque sean tus cosas en tu propiedad. Di que yo tenía pensada la respuesta: » no me consta, pasaba por aquí, eso lo lleva mi marido…».


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