Comprando Paciencia

Escrito el Domingo, 19 de Marzo de 2017

Chic@s, tengo un dilema, y un dilema gordo.

¿Qué hago?…escribo en este post algo de la cosecha de anécdotas varias que aún tengo sin contaros, o, escribo lo que realmente estoy viviendo/sintiendo en estos momentos. Suelo hacer lo segundo, lo sabéis porque creo que se nota, pero a día de hoy, ufff, ando gestionando taaaaaanta cosaaaaaa, que me temo que va a ser mucho exponerme.

Realmente, nada es nuevo, ya he hablado de todo ello en algún post, incluso en varios. Lo que hace tremendamente especial este momento, es que los famosos últimos 20 kms del viaje (he bajado a 20), están siendo, ….., cómo describirlos, ni adjetivos tengo ya para aplicar, sinceramente. Eso sí, cuando esto pase, lo que me voy a reír. Que me voy a reír, lo sé, pero,…¿cuándooooo…..?.

Hablando el otro día con una amiga me decía, “fíjate que yo pensaba que el invierno se te iba a hacer largo ahí en el pueblo”, largo, joder largo, la pregunta es: “¿ ya ha pasado el invierno ?”, porque tengo la sensación de que he empalmado el otoño con la primavera. Que coño la sensación, que he empalmado el otoño con la primavera y punto. Tal cual, así del tirón, y no estoy hablando del clima para nada. Aparte de que, por supuesto, yo ya he entrado en primavera hace unas semanas. Eso sí, compañer@s , muchísimo más light que años anteriores. Bieeennnn. Eso quiere decir que lo que estoy haciendo funciona.

Más buenas noticias. Ha subido mi temperatura corporal. Esto sólo lo puede entender la gente que sabe lo que es estar hipotérmica perdida 24 horas al día, con un frío que te viene de dentro. Me dí cuenta hace un mes, mas menos. Cómo sería la cosa, que pensé que me había dejado la calefacción puesta por la noche del calor que tenía cuando espabilé por la mañana. Flipé, flipé mucho. Tenía las manos calientes, vamos, de hecho esa sensación ha ido a mejor. Eso también me dice que estoy haciendo las cosas bien.

También os digo una cosa, no puedo cuantificar cuánto es debido a la máquina de bio-resonancia, que sé que funciona; cuánto es debido a algo nuevo que estoy tomando, que sé que funciona; cuánto es debido a algún homenaje con el gremio masculino, que tod@s sabemos que funciona, jajajajajja; en fin, cuantificarlo no es lo importante, lo importante es que el conjunto funciona.

He tenido muchas dudas con el título de este post, me sobran las opciones, y al darme cuenta de que hasta ahora no había titulado ninguno con mi famosa frase, he dicho, listo, se lo merece. “Comprando paciencia”, ha sido, es, y supongo que será, la frase que mejor define estos últimos años de mi vida. Y es lo que estoy haciendo actualmente, que falta me hace. Pero que mucha falta.

Todo lo vivido de Septiembre para acá ha hecho que a día de hoy sea más consciente de algunas cositas que ya sabía. Esas “cositas” duelen, duelen bastante. Hacía muuuuchooooo tiempo, años de hecho, que no empleaba la frase “me duele el alma”, pero es la realidad.

Me duele el alma de gestionar las putas emociones porque aun dejo que me secuestren; me duele el alma de sentir carencias afectivas; me duele el alma de saber que a día de hoy esas carencias que arrastro aún son más fuertes que las herramientas que tengo para gestionarlas; me duele el alma de pintar mi día a día de colores, se me ha acabado la pintura; me duele el alma de llevar 4 años comiendo lo mismo 5 veces al día, 7 días a la semana; me duele el alma de que mi entorno cercano/familiar me pida explicaciones y que encima me digan que lo que estoy haciendo NO sirve, si ell@s supieran…; me duele el alma al ser consciente del trabajo que aún me queda por hacer, con todo lo que ya llevo hecho; y, por encima de todo eso, pero que muy por encima, me duele el alma de saber que la única responsable de lo que estoy viviendo soy yo.

Mira que soy una tía sencilla, simple diría yo, de verdad que lo siento así, y sin embargo, el proceso en el que estoy embarcada es la hostia, (hostia con “h” que suena más heavy, que, por cierto, es también con “h”). Aunque no voy a ser consciente espero que en otra vida se reconozca el trabajo realizado en esta, ya sea que me reencarne en ardilla como me decía alguien el otro día; pues que sea en una ardilla feliz y punto. Ya le pediré yo al Universo que me mande un ardillo apañao y a vivir que son dos días.

Es cierto que son demasiadas “cositas”, demasiado intensas, demasiado seguidas y/o solapadas en el tiempo. Los inputs que he recibido desde Septiembre pasado simplemente han sido los detonantes para que “mi mundo” reventara. Lo tengo claro. Ahhh, para l@s curios@s, que sé que l@s hay, cuando digo inputs no hablo solo de chicos, paaaraaa naaadaaaa. Que es por lo único que me pregunta el personal después, jajajajajaja (lo entiendo, yo también lo haría, quien quiere hablar de acelgas y pollo, o de trabajo, o de anfetas, o de familia, o de cosas holísticas que suenan muy raras, pudiendo hablar de chicos).

Lo importante no son los inputs que recibo, si no cómo yo respondo ante ellos. Por acción u omisión. Y cómo ya sabemos que me van los retos y la marcha cosa mala, que me puede la inercia, pues nada, yo solo acción, que para eso soy soci del Marc, lo de omisión como que no va conmigo. Que hay que jugar, se juega; que hay que ir, se va, pero eso sí, “ir pa ná, es tontería”. También es cierto que eso es lo que ha hecho que venciese la enfermedad.

Recordáis mi famosa frase de: “el Universo te manda lo que es bueno para tí, para tu proceso, no lo que tú quieres”, pues tal cual. No recuerdo haberlo pedido, conscientemente al menos of course, pero tengo claro que me lo han mandado, vaya si me lo han mandado. Si no hubieran sido estos inputs, hubieran sido otros que hubieran realizado la misma función. Estoy pensando que si soy honesta conmigo misma, sí que los he pedido, sí. En el momento en que pido ayuda para resolver mi proceso con la comida.Sé que es para estar agradecida, que lo estoy. Ahora bien, bien jodida también estoy.

Esta semana pasada en Madrid, una amiga me preguntaba si yo estaba fluyendo con la situación de la comida o me estaba peleando con ella. Yo la miré, y mi respuesta fué: “hasta hace poco tiempo he fluido con ella, ahora estoy más en el punto de cagarme en su puta madre”. Sinceramente, tal cual. Y para colmo, esta semana en la revisión de la ortodoncia me han puesto unos «cepos» en la parte interior de los dientes, que no puedo con la vida. Lo bueno es que a las llagas de la parte exterior de los dientes ya no les hago ni caso, porque las de la lengua duelen muchíiiisimo más. Además de los cepos, me han puesto no sé cuantas ligaduras unas metálicas, otras como de tanza, unos muelles, mira, una obra de ingeniería, ahora entiendo que lo cobren al precio que lo cobran. Sí.

He tenido que improvisar una especie de tampones dentales para proteger la lengua de los putos cepos (desde el cariño), que dan un ascazo que te mueres. Y como no, he vuelto a los batidos de filetes de pollo, arcadas me dan solo de pensarlo. Acabas comiendo como los gatos, bocaditos pequeñines y para dentro, sin masticar. Casi no puedo hablar, ni tragar, ni morder, ni reir, de todo lo demás ni preguntéis, porque no he probado pero ahora mismo ganas tampoco tengo. Esta mierda duele. ¿He dicho ya que da un ascazo que te mueres?.

Es lo que tiene que tu boca también sea un master. ¡¡ Que hasta los huevos estoy de ser un master!!.

Os cuento una anécdota graciosa que me ha pasado también en Madrid. Mira que me cunden a mí los viajes. Me he hecho una RMN cerebral (resonancia en argot popular), no porque piense que tenga nada físico, para nada, ha sido un poco por curiosidad de algo que salió en un informe de otra prueba para realizar una consulta holística (consultas de las convencionales ni están, ni se las espera), y otro poco ha sido por joder al seguro médico privado, como ahora casi no les hago gasto. Bromas aparte, me ha podido la curiosidad. Sin más.

El caso es que los técnicos que me la estaban haciendo, ya me avisaron que con la ortodoncia podía tener sensibilidad, dolor o calor mientras me la hacían. Que no era habitual pero que podía pasar. Vale. Me la hacen y yo no sentí nada, super bien, eso sí se me hizo como largo, pero bueno oye, como estás ahí encerrada con el tacatacataca ese que no para de sonar,…total que acaban, viene la chavalita y me pregunta qué tal, y yo, bien bien, no me ha dolido nada la boca.

Y me dice, palabras textuales y con cara de pena, “ pues es que, nunca hemos visto nada igual”, yo me quedo mirándola y pienso para mí, “ya estamos, no puede ser”. Le pregunto lógicamente qué ha pasado, y me dice, que no saben si las imágenes le servirán para algo al radiólogo, porque sale como un haz de luz que me cubre toda la cabeza, que eso es rarísimo, porque mira que hacen resonancias a gente con brackets y nunca les había pasado algo parecido, ni tan intenso ni tan extenso, que qué material llevo ahí,….en fin. Y eso que aún no me habían puesto ni los cepos ni la ferralla nueva.

Yo me empecé a descojonar y pensé “hostias, igual es mi aura, que como me la había limpiado la máquina hacía un par de días, debía estar reluciente y limpita que no veas”, claro, no dije nada, que lo mismo me ingresan en psiquiatría del tirón, en la zona de esquizofrénicos por cierto, ya os contaré el por qué. Esa,…, esa es buena también.

Pues nada, que mi aura, la ortodoncia y yo nos fuimos del hospital muertas de la risa. Deseandito estoy de ver el informe, la cosa promete.

Y hablando de aura, que si no os lo cuento re-vi-en-to, y con esto termino, lo prometo. Flipé con la máquina porque uno de los programas te la mira, y hasta ahora tampoco recuerdo yo que saliera nada parecido a lo que salió esta vez. Mira, sale una figura humana en 3D en la pantalla del ordenador que te simboliza a ti lógicamente y sale como está tu aura alrededor de la figura. SI buscais en Google hay unas cámaras de unos rusos que también lo hacen.

Madredelamorhermoso lo que llevaba yo ahí, “pa habernos matao”. Negra, pero negra negra, como dice una amiga, más negra que los cojones de un grillo, frase lapidaria de hace 30 años diría yo. Estaba concentrada en mi lado derecho por delante y por detrás. Y amplia en volumen, muy amplia. Que pena no haberle hecho una foto porque la subía aquí. Hostias que susto.

El terapeuta flipó, “pero tú ¿donde te metes tía?”, y yo, “en ningún lado, yo que sé, que se me pega todo, ya lo sabes”. Que no me acerque ni a Blas, que no dé la mano, ni besos, ni abrazos, no me dió tiempo a preguntarle cuando me dice con la mirada, “de eso que estás pensando, mejor ni hablamos”, que hay gente muy tóxica por ahí, ya, ya, si eso ya lo sabíamos. Pero coño, parecía que venía yo de limpiar una chimenea, o de hacer la hoguera de San Juan, joder.

Total, que definitivamente, la teoría de hacerme un traje de Faraday para poner debajo de la ropa, toma fuerza. No sé cuanto de sexy puede ser un traje de Faraday. Intuyo que poco. Y pensando un poco más allá, lo jodido no va a ser ponerlo no, lo jodido va a ser quitarlo o que te lo quiten, jajajajaja. Y si te lo quitas en las distancias cortas, ¿para qué coño te lo pones…?, digo yo que algo minimizaría, pero no sé si compensaría el trajín. Uhm, me dice mi intuición que no. Bueno, de momento, estoy por llevar un cacho de papel Albal (papel de plata) en el bolso para ir haciéndome a la idea, y luego ya si eso, voy viendo…, en fin, es mejor reírse de todas todas.

Os dejo aquí unas fotos de un par de días de esos que estuve comprando paciencia. Recuerdo que fueron días realmente intensos. Salgo a comprarla a la naturaleza, necesito árboles y si puede ser agua en movimiento cerca. Todo se queda en el agua.

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